La Primera gran Frontera está dentro de nosotros.
La semana Santa me fui con mi familia desde el Jueves Santo hasta el lunes a Puerto Príncipe. Después de haber pasado el Niágara en Bicicleta con los pasaportes de mis 7 hijos y ni se diga con la Visa Haitiana, que me costó la friolera suma de US$ 510.00 (RD$ 18,360.00 de los de aquí) por una sola entrada. Nos fuimos en mi carrito hyundai Athos. Cómo no me cabían los 7 en el carrito, mandé los 3 más grandes en una guagua de las que viajan a Jimaní y me fui con los 4 pequeños. Los que se fueron en la guaga pasaron en Niagara a pie, descalzos y con la calle ardiendo, pasaron más trabajo que un forro de catre durante 4 o 5 horas apiñados entre una loma de maletas, bultos, fundas gallinas y demás cosas que la gente se lleva para el campo.
Al fin después de resolver lo de migración (dicho sea de paso, fue todo un espectáculo poner a mis 7 hijos en la fila de migración), mi suegro nos fue a recoger en la frontera con un minibus y yo dejé mi carrito guardado en la parroquia de Jimaní (gracias mil al párroco).
Pasamos la etapa dificil de migración haitiana, que me pareció la migración de Beirut o algo así, y luego la carretera llena de agua al lado de una montaña toda carcomida. Finalmente 5 horas despúes llegamos a Puerto Principe, porque había una manifestación política que retrasó nuestra entrada.
Lo demás fue un agradable compartir con nuestros hermanos de la famila de Marcel y Sergó que nos acogieron en su casa dándonos hasta su habitación y aceptado a los Kranwinkels que parecían una plaga que tenían que inspeccionar todo y corre para aquí y para allí. Mil gracias por tan buen trato que nos dieron nuestros hermanos Haitianos.
Qué no decir de la celebración de la Pascua en Frances y Creol junto a 600 hermanos, qué hermosa manifestación del Espíritu Santo cuando haitianos y dominicanos nos unimos para vivir un acontecimiento tan grande para todo cristiano como es la resurreción de nuestro Señor Jesucristo. No importó que no entendieramos mucho, amén de que nos traducian , porque teníamos un mismo sentir y un mismo corazón lo que demostraba que "la gran frontera entre haitianos y dominicanos está dentro de nosotros".
Al final nos juntamos los dominicanos que andabamos y nos bebimos unas cuantas cervecitas haitianas y al otro día me dediqué a conocer un poco el negocio de los respuestos de vehículos que es el negocio que tiene mi famila y vi como hay un gran consumo de productos y un movimiento grande de toda clase de mercadería.
Al final volvimos a Jimaní donde coloqué a mis 3 hijos mayores en su autobus esta vez muy comodo y volvimos a Santo Domingo con un gran recuerdo y sintiendonos muy bien con haber podido compartir con nuestros hermanos haitianos esos días maravillosos.
Jovanny Kranwinkel
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